Cada 15 de agosto, la Iglesia entera eleva su canto para celebrar el triunfo de la Madre: María, llevada en cuerpo y alma al cielo, coronada como Reina junto a su Hijo. Es la fiesta de la esperanza y de la victoria, porque en Ella vemos cumplida la promesa de Dios a todos sus hijos.
Para nosotras, la Asunción es una llamada a mirar hacia lo alto, a caminar con los pies en la tierra pero el corazón en el cielo. Nuestra Madre Presentada, humilde en la tierra y gloriosa en el cielo, es la mejor Maestra para vivir la entrega y alcanzar la meta.
El Padre Alejandro Mª Moreno, enamorado de María, decía:
«Cual solícita y tierna Madre, nos sigue por doquier con su mirada.»
Esa mirada nos acompaña hoy, recordándonos que la gloria no es fruto de honores humanos, sino del sí fiel y constante a la voluntad de Dios.
Al contemplar a María en el cielo, renovamos nuestro deseo de vivir como Ella: en pureza de corazón, en disponibilidad total, en adoración y servicio. Que nuestra vida, como la suya, sea un “sí” incondicional que un día se transforme en fiesta eterna.
¡Viva Jesús! ¡Viva María!




