Ana y Elvia comparten más que un lazo familiar: las une un mismo carisma, una misma misión, una misma llamada. Ambas son religiosas Presentacionistas y saludan con la alegría que identifica a su comunidad: «¡V. J. + V. M.!» (Viva Jesús, Viva María).
Aunque solo las separa un año de edad, el Señor entrelazó sus caminos de manera muy especial. Durante su etapa de formación religiosa, descubrieron un vínculo que iba más allá de lo espiritual: la abuelita de Ana es tía de Elvia. Se conocieron en el centenario de su bisabuela y, dos años después, se reencontraron en el convento, comenzando juntas el camino de la Vida Consagrada.
Hoy, aunque cada una vive su misión en lugares distintos, se acompañan con cariño y oración. La verdadera fuerza de su relación no está solo en la sangre, sino en el misterio de ser esposas de Cristo.
Porque la Vida Consagrada no solo une corazones, sino que los configura con el de Jesús. Y eso, para Ana y Elvia, es la mayor dicha: amar, servir y glorificar a Dios con todo el ser.




