«Mi alma tiene sed de ti, Señor Dios mío» (Salmo 41)
Querida Madre Laura, hoy nos reunimos en torno a la Eucaristía para darte gracias. Damos gracias al Señor por tu vida, por tu vocación, por tantos años entregados al Instituto y por esa manera tuya, sencilla y maternal, de hacerte cercana a cuantos encontrabas en el camino. Hoy, cuando la separación nos duele, la fe nos invita a mirar más lejos: hacia Cristo Resucitado, aquel a quien buscaste, amaste y serviste durante toda tu vida.
La Madre Laura nació el 6 de noviembre de 1957 en San Antonio de Belén, Costa Rica, hija de Juan Rafael y Mª Dolores. Creció en una familia numerosa, junto a sus diez hermanos, aprendiendo desde muy pequeña el valor de compartir, del trabajo y de la fe vivida en lo cotidiano. Entre sus recuerdos permaneció especialmente unido a su corazón el de su padre celebrando con profunda devoción la fiesta de la Inmaculada.
No faltaron las dificultades. La situación económica familiar la llevó a comenzar a trabajar mientras estudiaba, para poder costear su propia formación y colaborar en casa. Quizá allí comenzó a aprender, sin saber todavía hasta dónde la conduciría el Señor, que la entrega verdadera se construye muchas veces en silencio, haciendo sencillamente aquello que cada día reclama de nosotros.
Como tantos jóvenes, durante la adolescencia se alejó temporalmente de la Iglesia. Continuó su camino, estudió, trabajó, buscó… pero durante su etapa universitaria comenzó a percibir que había dentro de ella una sed que ninguna respuesta terminaba de colmar. Aquel vacío se hizo cada vez más profundo y nació la necesidad de encontrar un sentido mayor para su vida.
Fue entonces cuando se incorporó a un grupo juvenil de su pueblo. Allí redescubrió la fe que parecía haber quedado atrás y comenzó una etapa decisiva de su historia. En aquel ambiente conoció también a las Hermanas Presentacionistas Parroquiales Adoradoras.
Ella misma recordaría después aquel momento con unas palabras que hoy adquieren una profundidad especial:
«Ahí hubo un despertar de algo que siempre había estado dentro de mí pero que no había querido reconocer. Y fue en esta época donde la llamada cada vez se fue haciendo más fuerte y apoderándose de mí».
La llamada había estado esperando.
El 17 de septiembre de 1985 ingresó en el Instituto de Hermanas Presentacionistas Parroquiales Adoradoras. Tres años después, el 28 de mayo de 1988, hizo su primera profesión religiosa y escogió un lema que acabaría convirtiéndose en una clave para comprender toda su vida:
«Me llamó el Jesús que se da a los pobres».
No era solamente una frase. Era el rostro de Cristo que ella había comenzado a reconocer.
Mientras continuaba sus estudios teológicos, fue profundizando en el misterio de aquella llamada. Sirvió en las diferentes comunidades a las que fue destinada, participó en el apostolado parroquial, llevó la Comunión a los enfermos y acompañó la catequesis de niños y jóvenes. La vocación iba haciéndose concreta en nombres, rostros, parroquias, enfermos, pequeños servicios y muchas horas entregadas sin ruido.
Su fe se había centrado profundamente en Jesús. Más adelante descubriría con mayor hondura la acción de Dios Padre y del Espíritu Santo en su historia. Pero aquel Jesús que la había llamado conservaría siempre un rostro muy concreto: el Jesús que se entrega, que se acerca al pobre, que cura las heridas y que vuelve a levantar al que ha caído.
El 7 de mayo de 1994 hizo su profesión perpetua. Para aquel sí definitivo escogió unas palabras que parecían recoger toda la búsqueda de su juventud y todo el camino recorrido después:
La joven que un día había sentido un vacío difícil de explicar había descubierto finalmente dónde estaba la fuente.
Con los años llegaron nuevas responsabilidades. Su formación profesional como ingeniera se convirtió también en servicio al Instituto, cuando se le encomendó la elaboración de los planos y la inspección de la construcción de la casa de formación. Aquello que había aprendido y trabajado antes de entrar en la vida religiosa encontraba ahora un lugar nuevo dentro de su vocación.
Participó igualmente en la fundación de nuevas comunidades y obras. Estuvo vinculada a la puesta en marcha de una residencia de ancianos que acogía a españoles residentes en Costa Rica y a la fundación de la comunidad de Sabalito, prolongando así esa vocación presentacionista de hacer de la parroquia, del servicio y de la cercanía un lugar concreto para el Evangelio.
El Instituto fue depositando progresivamente en ella responsabilidades mayores. En el Capítulo General del 5 de agosto de 1997 fue nombrada Ecónoma General en la Casa Central de Albacete y, en el Capítulo General de 2003, volvió a ser elegida para este servicio.
El 4 de agosto de 2009, el Capítulo General la eligió Superiora General del Instituto de Hermanas Presentacionistas Parroquiales Adoradoras. Los dos Capítulos Generales siguientes renovaron nuevamente su confianza en ella, prolongando una responsabilidad que asumió como había procurado vivir todo lo demás: desde el servicio.
Pero los cargos nunca fueron lo que mejor explicó quién era la Madre Laura.
Quienes se acercaban a ella encontraban, sobre todo, una mujer sencilla. Una hermana. Una madre. Una persona entregada, con una sonrisa dispuesta y una palabra amable para quien llegara, sin hacer diferencias. Su autoridad tenía mucho de cuidado; su manera de acompañar, mucho de maternidad; y su presencia, esa sencillez que no necesita hacerse notar para dejar huella.
Ella misma dejó escrito dónde se encontraba el corazón secreto de su vida:
«Además de por mi espiritualidad de Presentacionista, mi oración también se basa en la adoración a la Eucaristía, en mi devoción a María en el misterio de la Presentación y en la súplica diaria por la santidad de los sacerdotes».
Ahí estaba todo.
Jesús Eucaristía. María Presentada. La Iglesia. Los sacerdotes. La oración. La misión.
Era el mismo camino espiritual que el Padre Alejandro María quiso dejar a sus hijas: hacer de la Eucaristía el centro de la existencia, caminar de la mano de María Presentada y gastar la vida al servicio de la Iglesia y de las parroquias. El propio Instituto presenta la Eucaristía como centro de su vida consagrada y su misión, y a María en el misterio de su Presentación como modelo de entrega, disponibilidad y abandono confiado en Dios.
Y en los últimos tiempos había ido creciendo en ella otra oración todavía más sencilla: dar gracias.
Lo escribió así:
«Últimamente noto que aumenta mi oración de gratitud por todo lo bueno que me llega a través de quienes me rodean: mis hermanas de comunidad, mis amistades y la buena gente que se acerca para ayudarnos».
Tal vez esa gratitud sea una de las palabras más hermosas con las que despedirla.
Porque hoy también nosotras damos gracias.
Gracias por tu vida hecha entrega y, tantas veces, hecha silencio.
Gracias por las comunidades que acompañaste, por las responsabilidades asumidas, por los caminos abiertos, por las decisiones difíciles, por las pequeñas tareas que nadie anotó y por tantas personas cuyos nombres únicamente conocen Dios y tu corazón.
Gracias porque Jesús Eucaristía y María Presentada llenaron tu capacidad de ser amada y de amar.
Y gracias también a cuantos habéis querido acompañarnos en la Eucaristía de despedida. A su familia, a las hermanas del Instituto, a los sacerdotes, religiosas, amigos, colaboradores y a tantas personas que habéis compartido con la Madre Laura algún tramo del camino. Vuestra presencia, vuestra oración y vuestro cariño han sido también una forma de decirle gracias.
Hoy la comunidad que tantas veces cuidaste te confía definitivamente a las manos de Dios.
No se pondrá ya el sol en tu día,
ni el terreno y torpe velo
te separará de tu AMOR…
Vuelves al abrazo eterno,
a las manos que te formaron…
Mira y vela por tu familia desde el Cielo:
corona de los justos,
premio a tus trabajos
y felicidad eterna.
Gracias por tu vida. Seguimos unidas en el Señor. Intercede por estas tus hijas, por tu familia, por el Instituto y por todos aquellos que Dios puso en tu camino.
Y desde esta tierra que también hiciste tuya, elevamos hacia María nuestra última súplica:
¡Oh María Presentada! Presenta a tu Hijo a la Madre Laura.
Albacete, 8 de agosto de 2026.




