Decía nuestro fundador, el Padre Alejandro María:
“?? ????? ???????? ?? ??????.”
No hablaba de un ideal lejano ni reservado a unos pocos, sino de una necesidad urgente y cotidiana. Para él, santo no era quien hacía cosas extraordinarias, sino quien vivía lo ordinario con amor, quien se entregaba del todo a Dios y servía a los hermanos desde la alegría y la sencillez.
El P. Alejandro lo entendió bien:
La santidad no es un lujo, es la vocación de todo cristiano.
La santidad no consiste en ser perfecto, sino en estar unido a Jesús.
La santidad no es para después, sino para ahora.
En sus escritos encontramos esta invitación constante a encender el corazón en el fuego de la Eucaristía y a configurarnos con María Presentada, humilde y disponible. Decía:
“?? ???? ?? ?? ????? ??? ????? ??? ????? ?? ?? ???????.”
Sólo desde ese fuego se puede transformar el mundo.
Hoy, en un tiempo de cansancio, de prisas y de búsquedas sin respuesta, la humanidad sigue necesitando testigos de esperanza: santos que vivan en silencio, en la familia, en la parroquia, en el trabajo; santos que sean lámparas encendidas en medio de la oscuridad.
El mundo necesita de santos, y el Señor sigue diciendo: “??? ??????, ?????? ?? ??? ?????” (1 Pe 1,16). No es una opción, es un camino abierto para todos.
Nosotras, lo vivimos desde la adoración eucarística, desde la vida sencilla de parroquia y desde la fidelidad alegre. Ser santas en lo pequeño, para que todo sea grande a los ojos de Dios.
¡Qué cada uno de nosotros, pueda ser esa chispa de luz que el mundo necesita! Porque un alma encendida, basta para alumbrar a muchas.
¡Viva Jesús! ¡Viva María!
¡Viva el espíritu presentacionista!




