Hace casi un siglo, un joven sacerdote español vivía uno de los momentos más intensos de su vida interior. Era el 24 de agosto de 1925, en plena Roma, cuando Alejandro María Moreno García participaba en la clausura del Jubileo del Año Santo, dentro de la Basílica de San Pedro.
Él mismo lo escribió en su diario de peregrinación: fue un día marcado por la multitud de peregrinos, la solemnidad litúrgica y la fuerte presencia espiritual del Sucesor de Pedro. No era aún el fundador que conoceríamos… pero su corazón ya ardía de amor eucarístico y de pasión por la Iglesia.
Desde la distancia del tiempo, hoy las Hermanas Presentacionistas Parroquiales Adoradoras miramos este día como un anticipo del fuego fundacional que vendría después. Roma selló en él un vínculo profundo con la Iglesia universal, con su liturgia, con su llamada a la santidad.
Ese 24 de agosto no fue solo una fecha más: fue una transfiguración silenciosa, una gracia escondida que más tarde se haría Instituto, carisma, comunidad, adoración y misión.
Gracias, Padre Alejandro, por haber caminado primero.
Nosotras seguimos tus huellas, con María Presentada y Jesús Eucaristía.
¡Viva Jesús! ¡Viva María!
¡Viva el espíritu presentacionista!




