Comenzamos el 12 de noviembre y caminamos—paso a paso—hasta el 21, fiesta de la Presentación de la Virgen en el Templo. No es un cumplimiento; es un camino de amor. Una escuela del corazón… para mirar a María y dejarnos modelar por su humildad y su sí. Esta Novena es la preparación inmediata a la fiesta; conviene vivirla con calma, en clave eucarística y parroquial.
Cómo nos preparamos: un rincón sencillo en casa; una imagen de María Niña; una vela; un tiempo breve de silencio—cada día—y, si es posible, Eucaristía entre semana. La tradición del Instituto anima a “amar el misterio de la Presentación, pensarlo, hablar de él e imitar la vida de Templo” (oración; humildad; disponibilidad). Y a intensificar prácticas que nos “marianizan” el día: rezar el Rosario, vivir con especial devoción los sábados, recordar la Presentación cada 21, y propagar esta devoción con sencillez.
Cómo la vivimos (itinerario interior): la predicación del Padre Alejandro traza un arco muy luminoso…
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Presentación “pasiva”: Joaquín y Ana ofrecen a María; aprendemos pertenencia y gratitud.
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Presentación “activa”: María intercede y ofrece; aprendemos servicio.
- “Autopresentación”: entrega personal, sin reservas; aprendemos libertad interior.
Después, cada día puede acentuar una virtud o un gesto: oración que sostiene; humildad que no busca foco; pureza de corazón; los fines del sacrificio—adoración, acción de gracias, expiación y súplica—; amor práctico a la parroquia y cuidado de sus templos; misión silenciosa en lo cotidiano. (Poco a poco; pero de verdad…)
Signos sencillos que ayudan: una breve lectura mariana; una ofrenda pequeña (un gesto de reconciliación; una visita; un servicio); un momento de adoración ante el Sagrario. Nuestro fundador dejó incluso un texto propio de Novena: una guía que recuerda que este misterio “reclama ser sacado a plena luz”… no escondido, sino vivido.
El 21: celebramos y renovamos. La Novena culmina “a ser posible en una celebración eucarística parroquial” con la renovación de las Promesas Presentacionistas. Allí ponemos el corazón sobre el altar y decimos: “Hágase en mí”; sencillo, concreto, alegre. (Como María).
En palabras del Padre Alejandro: “La Presentación de María es Aula Magna… da lecciones sublimes de virtudes.” Lecciones para todos; para hoy. Para la vida real—templo, casa, barrio—donde se cuece el amor fiel y silencioso.
Así se prepara y así se vive: sin prisa; con hondura; en familia. Del 12 al 21… y más allá. Porque, cuando María nos toma de la mano, el alma aprende a respirar en Dios.
¡OH María Presentada Madre mía, mostrad que sois mi Madre! (Padre Alejandro)




