Promesas del Movimiento Presentacionista en Albacete
Muy felices. Así podría resumirse lo vivido el pasado 9 de mayo de 2026 en la capilla de nuestro convento de Albacete. La familia Presentacionista crece, y lo hace con esa alegría sencilla que nace cuando una vocación compartida se convierte en camino de Iglesia.
A las 17:00 h celebramos una Eucaristía solemne de acción de gracias en honor al 83 aniversario de fundación de la Congregación de Hermanas Presentacionistas Parroquiales Adoradoras. Fue una celebración llena de gratitud, memoria y esperanza, acompañada por las once hermanas que forman actualmente la comunidad de Albacete.
Presidió la Eucaristía D. Pedro Roldán, párroco de Nuestra Señora de Fátima, y concelebraron D. Juan Manuel, su vicario, y D. José Antonio Pérez, párroco del Espíritu Santo. En torno al altar, donde todo nace y todo vuelve a encontrar su sentido, dimos gracias por la historia recibida y por la vida nueva que el Señor sigue suscitando en el carisma presentacionista.
Seis nuevos miembros para una familia que sigue creciendo
En esta celebración, seis miembros de la comunidad parroquial, después de haber conocido la espiritualidad, el carisma y la misión de las Hermanas Presentacionistas Parroquiales Adoradoras, hicieron la proclamación de sus promesas dentro del Movimiento Presentacionista.
Con alegría fraterna acogimos a Ma. Engracia Sánchez García, Francisca Paqui Sánchez Martínez, Carmen Solano Martínez, Encarna García González, Carmen Popoteur Ortiz y María Luisa Montero Aragonés, que expresaron públicamente su deseo de pertenecer a esta familia espiritual y de vivir, desde su condición laical, el carisma recibido por medio del P. Alejandro María Moreno.
El Movimiento Presentacionista es un camino de comunión. No nace solo de una afinidad humana ni de una colaboración ocasional, sino de una llamada a participar, cada uno según su vocación, en una misma espiritualidad: amar a Jesús Sacramentado, honrar a María Presentada y servir a la Iglesia desde la vida parroquial.
Laicos y religiosas en una misma misión
El encuentro entre laicos y religiosas es una gracia para la Iglesia. Cuando un carisma se comparte con humildad y responsabilidad, no se divide: se multiplica. Los dones que el Espíritu Santo concede a los fundadores no son un tesoro cerrado, sino una luz puesta al servicio del Pueblo de Dios.
Por eso, la colaboración entre seglares y consagradas potencia las energías apostólicas para la evangelización del mundo. Juntos somos llamados a ser testigos del Señor Resucitado en las situaciones concretas de cada día: en la familia, en la parroquia, en el trabajo, en la enfermedad, en el servicio escondido y en la oración perseverante.
Dentro de la familia Presentacionista, esta participación adquiere un tono muy propio. No se trata únicamente de ayudar en algunas tareas, sino de vivir una espiritualidad que va formando el corazón. Ser Movimiento Presentacionista es dejarse educar por María Presentada, permanecer cerca de la Eucaristía y hacer de la parroquia un lugar de comunión, servicio y anuncio.
Ser Eucaristía viviente a ejemplo de María Presentada
La frase que resonó como signo de identidad fue clara y hermosa: “Ser Eucaristía viviente a ejemplo de María Presentada”.
En ella se recoge una profunda intuición de nuestro carisma. María Presentada nos enseña a vivir ofrecidos. Ella, pequeña y humilde en el Templo, nos muestra que la vida más fecunda es la que se pone en manos de Dios. Y la Eucaristía nos recuerda que toda entrega verdadera nace de Jesús, Pan partido para la vida del mundo.
Ser Eucaristía viviente significa dejar que nuestra vida se convierta en presencia, servicio, consuelo y comunión. Significa vivir con un corazón disponible, capaz de adorar y de servir, de contemplar y de salir al encuentro, de estar junto al Sagrario y junto al hermano que necesita una palabra, una ayuda o una presencia fiel.
Un rito sencillo lleno de sentido
El rito de las promesas fue sobrio, bello y profundamente familiar. Comenzó con un breve interrogatorio, seguido de la fórmula de la promesa. Después se impuso a cada nuevo miembro un alfiler con el Misterio de la Presentación, signo visible de pertenencia y de compromiso.
También recibieron los Estatutos del Movimiento Presentacionista y un recordatorio de este día de gracia. Como gesto mariano, ofrecieron una rosa blanca a la Virgen Niña María Presentada, poniendo bajo su mirada maternal el camino que ahora comienzan de un modo nuevo.
Finalmente, cada una recibió la felicitación con un abrazo fraterno. Fue un momento sencillo, pero muy significativo: una familia espiritual no se construye solo con palabras, sino con gestos de acogida, comunión y cariño evangélico.
Gratitud por la historia y esperanza para el camino
Al terminar la Eucaristía, pasamos a la sala capitular para compartir unos deliciosos pastelillos. La fraternidad también se celebra alrededor de la mesa, en la conversación sencilla, en la alegría compartida y en esa certeza humilde de que Dios sigue haciendo crecer su Obra con medios pequeños.
Este 83 aniversario de fundación nos deja una invitación muy concreta: volver al origen para seguir caminando. El P. Alejandro María soñó una familia encendida por el amor a Jesús Sacramentado, filialmente unida a María Presentada y disponible para servir a la Iglesia en la parroquia. Hoy, con estas nuevas promesas, reconocemos que ese fuego continúa vivo.
Damos gracias al Señor por Ma. Engracia, Paqui, Carmen, Encarna, Carmen y María Luisa. Damos gracias por sus familias, por sus parroquias, por su camino de fe y por su disponibilidad. Que María Presentada las acompañe con ternura de Madre, y que Jesús Sacramentado sea siempre el centro, la fuerza y la alegría de su entrega.
Que este día quede guardado en el corazón de nuestra comunidad como una pequeña luz de esperanza. La familia Presentacionista crece en Albacete. Y cuando una familia crece en torno al altar, toda la Iglesia se alegra.
















