V.J.+V.M

Hay aniversarios que se celebran con alegría, y hay aniversarios que se celebran de rodillas. Este, para nosotras, es de los dos. Las Hermanas Presentacionistas Parroquiales Adoradoras damos gracias por estos 50 años de presencia en Costa Rica y, de un modo muy concreto, por aquella llegada a San Antonio de Belén, Heredia, donde el Señor nos ha ido enseñando a vivir el Evangelio con delantal y con Sagrario: en la parroquia, con la gente, y ante Jesús Sacramentado.

En esta acción de gracias, recibimos un regalo que no nace de nosotras, sino de la Iglesia que nos acoge: por decreto de nuestro Obispo, Mons. Bartolomé Buigues Oller, se nos concede un Año Santo Jubilar Presentacionista. Lo inauguramos el 19 de marzo de 2026, solemnidad de San José, y lo abrimos como se abre una puerta interior: con humildad y con esperanza, para compartirlo con toda la comunidad.

Un jubileo para volver al centro: Jesús, María y la parroquia

Cuando la Iglesia nos habla de Año Santo, nos está invitando a volver a lo esencial. A reordenar la vida desde Dios. A dejar que la gracia haga más que nuestro esfuerzo. Y si nuestro carisma tiene un corazón visible, ese corazón late en el templo: en el Sagrario y en la vida parroquial, donde María Presentada nos enseña el camino de la ofrenda escondida y fiel. En palabras de nuestro Fundador, “de la vida interior, están las Presentacionistas unidas a Jesús, como los sarmientos a la vid, recibiendo de Él la savia Divina”.

Este jubileo es, por tanto, una llamada a vivir más por dentro para servir mejor por fuera. A adorar para aprender a amar. A dejarnos “templar” en ese “horno encendido del Sagrario” donde el Señor educa el corazón y purifica la intención.

Un lugar de peregrinación y unas fechas para caminar en comunión

Según el decreto que compartimos en la imagen, el templo designado para vivir este tiempo de gracia es la Capilla de las Hermanas Presentacionistas Parroquiales Adoradoras, en el Noviciado San José, en San Antonio de Belén. Allí podremos peregrinar, orar, reconciliarnos, celebrar y recibir las gracias propias de este Año Santo, uniéndonos como familia eclesial.

A lo largo del jubileo habrá días especialmente señalados, como la solemnidad de San José, la memoria de San Joaquín y Santa Ana, la fiesta de la Presentación de la Virgen María al Templo y la fecha del aniversario. Para nosotras, estas celebraciones siempre han sido una manera de hacer memoria agradecida y de renovar la entrega, como parte de la historia viva del Instituto.

¿Qué significa “gracia jubilar” en la vida cotidiana?

Para muchas personas, la palabra “jubileo” suena grande y lejana; pero su fruto es muy sencillo: reconciliación, comunión, y un corazón más disponible para Dios. El decreto recuerda también las condiciones habituales para lucrar indulgencias, vividas sin ansiedad y sin magia, como camino de fe: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por el Papa y participación en los actos jubilares. Es la Iglesia ayudándonos a volver a casa por la puerta grande de la misericordia.

Si en este tiempo te pesa algo, ven. Si necesitas luz, ven. Si quieres dar gracias, ven. Si has estado lejos, ven. Aquí no se viene a demostrar nada: se viene a ponerse delante del Señor, y a dejarse querer.

Lo iremos contando aquí y en nuestras redes

Los detalles de las celebraciones y actividades los iremos compartiendo en este mismo medio y en nuestras redes sociales. Queremos que nadie se quede fuera por falta de información, y que cada paso sea en comunión con la parroquia y con toda la Iglesia, como nos enseñó el Fundador: “La oración es el alma de todo apostolado”.

Hoy solo empezamos por lo primero: dar gracias. Gracias a Dios, gracias a María Presentada, gracias a la Iglesia que nos acompaña, y gracias a cada persona de Costa Rica que, durante estos 50 años, nos ha hecho familia.

Oración breve para abrir el Año Santo en el corazón

Jesús Sacramentado, centro de nuestra vida, haznos sencillas por dentro y fecundas por amor. María Presentada, enséñanos a entrar al templo con humildad y a salir a la parroquia con alegría. San José, guarda nuestras casas y nuestras comunidades, para que todo sea para gloria de Dios y bien de las almas. Amén.